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Una apuesta a lo imaginado
Diario Perfil
2012
Daniel Molina


Max Gómez Canle (Buenos Aires, 1972) presenta en “Chambre mental”, su nueva muestra, ideas pintadas a la manera de los grandes maestros renacentistas del norte de Europa. Y con estos trabajos intenta responder a uno de los interrogantes cruciales del arte contemporáneo: ¿por qué pintar después de la muerte de la pintura? En Ruth Benzacar, hasta el 11 de noviembre.

Para qué pintar después de la muerte de la pintura? Para jugar. Para inaugurar otra forma de pensar. Para pensar fluidamente, dejándose llevar por la consistencia líquida (viscosa, pero fluida) de los materiales que chorrean lentamente sobre la tela. Para inventar otra forma de hacer a partir de hacer lo que se hacía antes de que la pintura muriese. Max Gómez Canle (Buenos Aires, 1972) es un artista contemporáneo que elige pintar, después de la muerte de la pintura, porque ha regresado del futuro: ese tiempo del que sólo sabemos que no nos incluye. Desde hace una década Gómez Canle se dedica a profundizar en la superficie. Se zambulle en el plano bidimensional del cuadro y desde allí llega al centro mismo del pensamiento.
Gómez Canle no sólo pinta, sino que lo hace muy bien. En un taller del primer renacimiento se lo consideraría un maestro. ¿De qué vale la técnica pictórica en un momento en el que el arte ha decretado, más que la muerte de un soporte –la pintura–, la de una idea: la virtuosidad artesanal? La técnica pictórica vale todo (o no vale nada: da lo mismo). Vale lo el artista quiere que valga. En Chambre mental no se trata de pintura sino de ideas. Ideas pintadas, tal como hacían los grandes renacentistas del norte de Europa.
Cada obra de esta muestra es una ventana hacia un exterior ficticio. Incluso hay una obra que se titula Fenêtres –ventanas, en francés– que presenta paisajes sobre telas recortadas al estilo de Raúl Lozza, el gran concreto. Incluso hay lentes que mezclan el brillo pop del metal dorado con la proyección recortada sobre los cristales: el paisaje imaginado no está afuera de la mirada, sino en el anteojo (Projection double). Incluso hay huecos en las paredes, en los que podrían caber las obras –mitad pintura, mitad escultura– con las que Gómez Canle dialoga con Roberto Aizenberg (L’ arriere-garde à l’ avant-garde).
A pesar de que los paisajes representados son muy detallados, no hay narración en estas obras. El concepto hacia el que se dirigen es difuso: más musical y material que ideal o racional. En un paisaje de grutas, típico escenario de una pintura religiosa del siglo XV, aparecen objetos geométricos, con colores planos, que parecen caminar o danzar como en un film de animación para niños. Un cuadrado de color rojo (como un rubí gigante) oculta buena parte de un paisaje realista. Ese mismo cuadrado reaparece, más pequeño, en otro cuadro: muestra que según desde o cómo miremos, veremos más o menos del cuadrado o del cuadro que lo incluye o del paisaje (¿cuál es el elemento dominante?).
Chambre mental es una construcción sutilísima. Es una maqueta casi invisible: no del cerebro, sino del proceso de imaginar. Lo mental, para Gómez Canle, no es una racionalidad o una apuesta al orden (a pesar de la militancia geométrica y concreta de sus interlineados). Lo mental es una apuesta a lo imaginado. A lo que no se ve, sino que se desea o se sueña. La obra de este artista insiste tanto en lo extra-territorial como en lo anacrónico: está no fuera del tiempo, sino en un tiempo futuro –o quizá fuera de la cronología lineal– en el que el pasado se ha convertido en un presente perpetuo. En un tiempo en el que las visiones alucinadas del duermevela son tan reales, tan concretas, tan insistentes como las luces catódicas que iluminan el espanto de nuestras noches solitarias.
Para mostrarnos lo que no se puede ver, lo mental en estado puro, Gómez Canle construye mundos nuevos transmutando mundos viejos. Se apropia de toda la historia del arte para hacer arte que está fuera de la historia: en el instante. El tiempo que dura un parpadeo. Ese paisaje no está del otro lado de la ventana, sino del lado de adentro de las paredes de su cuarto.


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