max gómez canle
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La ventana abierta
Revista Barzón
2007
Cecilia Fiel


Entre dos universos, el figurativo y el geométrico, la obra de Max Gómez Canle recrea con agudeza la historia del arte universal en el cruce con hitos artísticos del siglo XX. Sus obras acaban de exponerse en la galería Braga Menéndez.

Su pintura tiene algo de eterno, como de un estar fuera del tiempo; son paisajes naturales envueltos en una atmósfera a veces desolada y misteriosa. Otras poseen extrañas formas humanizadas las cuales dan cuenta que estas pinturas fueron realizadas a comienzos del siglo XXI.

La obra de Max Gómez Canle se juega entre la alusión a los grandes pintores de la historia del arte y una relectura del arte concreto argentino de la década del 50. Las imágenes de artistas como Brueghel, Hobbema, Vermeer, Friedrich, Chirico y hasta los paisajes de la veduta italiana son recreados a través de la lente de este joven artista.

Sobre los paisajes de estos pintores, que funcionan como marco de fondo sobre el cual Canle inscribe su gesto contemporáneo, se impone el marco recortado al mejor estilo madi. Éste es pintado en el interior de la obra alcanzando a veces la función de “ventana”. Sabemos que el paradigma renacentista se basó, gracias al desarrollo de la perspectiva, en la idea del arte como ventana abierta al mundo, y esto es recreado por Canle con gesto irónico. En su Antiventana, como él la denomina, descubrimos que más allá de su sentido evidente la obra revela un sentido distinto y opuesto al primero, que explicita irónicamente la artificialidad de la ventana, es decir, de la representación. Pero ¿qué vemos a través de su Antiventana? La historia del arte devenida en material; sí, material a ser utilizado como el óleo o la témpera.

A estos elementos que constituyen su poética, Canle le suma lo digital que utiliza como herramienta para algunas de sus obras. En el caso de Diagonal, la escalera ha sido realizada en el formato citado y en un segundo paso, llevada a la tela. Pero esto no es todo: en medio de sus paisajes, Canle incorpora otro elemento, extraños personajes de formas geométricas. El origen de estos seres se encuentra en la imaginería de los videojuegos, en los cuales es habitual encontrar que los personajes son reemplazados por figuras geométricas, como los tenistas encarnados por cubos. Así es como Canle da cuenta cómo el cubo, forma abstracta por excelencia, ha devenido en un elemento esencial y convencional utilizado por la imagen de los video juegos.

En su universo la luz juega su rol. Canle opta por utilizar una luz plana haciéndola ingresar al cuadro en forma oblicua, y materializándose en el plano irregular. De esta forma, la ventana y la luz dividen la representación en dos. Hacia el interior, donde prima lo narrativo y hacia el exterior donde se sostiene un plano mental, como prefiere denominarlo el artista, aunque nosotros bien podríamos denominarlo conceptual. De esta forma, su obra se constituye en el cruce de lo narrativo y lo conceptual.

En medio de tantas referencias históricas, leer en obras como Túnel lo sublime kantiano no resulta desatinado. Si bien el filósofo alemán limitó lo sublime, en tanto “estado del espíritu”, al encuentro del hombre con la naturaleza, bien puede decirse que tanto en Canle como en Friedrich este concepto aparece tematizado. Canle plasma la naturaleza en estado de “reposo”, lejos de cualquier desastre natural, dos formas distintas en las que lo entendió el filósofo de la ilustración. La naturaleza está allí para contemplarla mientras estemos en un lugar seguro, al resguardo de cualquier peligro. En obras como Binocular o Túnel, la forma irregular como introducción de la ventana, nos delimita ese lugar seguro desde el cual contemplarla. Esto puede verse en la cita a la obra Viajero junto al mar de niebla (Friedrich), pintura clásica del romanticismo alemán, en la que un viajero contempla el paisaje desde la cima de la montaña. Simular situación es reelaborada por Canle pero ahora aquel viajero que miraba desde lo alto somos nosotros, espectadores del siglo XXI.  

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